Éxtasis

Hay otra víctima; ya está pactado. Las luces de la discoteca lo hacen más fácil, y qué fácil últimamente. Hace poco tiempo hubiera sido mucho más complicado hacer caer a una persona, pero ahora sólo son necesarias dos palabras.

—¿Cuánto?

—Nueve.

Bien, ya está hecho. Ahora sólo quedo yo: tres miradas, un trago y será mío toda la noche.

Sin embargo éste parece no estar muy seguro, a lo mejor cuesta algo más que tres miradas pero no me importa, ya me he enfrentado a indecisos antes…

¡Bah! Simples novatos.

—¡Venga! ¡No seas tonto! ¿Sólo es una noche no?

—Es verdad tío, una noche.

Y no ha hecho falta nada más, los colegas hacen siempre el resto.

Los focos y el rebotar de los decibelios en las paredes te hacen sentir bien, lo sé. Pero también sé que me estabas esperando a mí para sentirte completo en cuanto me mezcle con tu saliva.

Yo te haré sentir libre, ¿imaginas? Desinhibición, euforia, placer… Sí, hazme formar parte de eso, sé que te estás enganchando.

—Rubén, ¿quieres más?

—No, gracias tío, es suficiente.

Pues yo no estoy tan segura de eso, de hecho me apostaría algo a que te mueres por un poco más. Maldita conciencia… Y yo que pensaba que ya estaba más que aniquilada. Lo que yo diga, simples novatos, cuestión de tiempo.

Si yo lo único que quiero es que te dejes llevar, que disfrutes. ¡Venga hombre! No será tan difícil, ¿no?

Así, así mucho mejor, eso es. Ve a beber si tienes sed, ya nada estropeará esta noche. Sólo estamos tú y yo.

—¡Rubén! ¡Mira a Diego! ¿Pero qué mierda le has dado?

Desperté aturdido con la visión de Diego tirado en el suelo aún latiendo en mi mente. Me dolía todo el cuerpo, como si me hubieran dado una paliza, y la boca reseca y pastosa me pedía agua a gritos.

Mientras mis ojos se acostumbraban a la luz blanca y fría me di cuenta de que estaba tumbado en una camilla de hospital. Un tubo salía de una botella de suero y se hundía en mi antebrazo. De pronto sentí que alguien se acercaba a mi cama.

—¿Cómo estás cielo?

Era Mónica, Me miraba tranquilizada pero todavía caían lágrimas de sus ojos.

—¿Qué ha pasado?

—¿No te acuerdas? A diego le dio un golpe de calor. Fue el éxtasis.

Por un momento había creído que había sido sólo un sueño. Tres miradas, un trago… Sólo estamos tú y yo. 

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