La vuelta al cole de mi vida

Aún cierro los ojos y puedo recordar con claridad cada uno de los primeros días de colegio que he vivido. Eran de los pocos días en los que no me costaba levantarme de la cama, ni ponerme el uniforme. Tampoco parecía un esfuerzo tomarse el colacao de cada mañana, ni lavarse la cara, ni los dientes. Incluso, todo nervios y adrenalina, me permitía apremiar a mi madre, fuese a ser que llegásemos tarde.Captura7

También puedo recordar la entrada en los pasillos, que hacía tres meses que no recorría, encontrándome con mis amigos y volviendo a oír el bullicio de un colegio antes de que suene el timbre de la primera hora. En clase, los pupitres aún estaban limpios de los garabatos usuales, la pizarra como si nunca se hubiese utilizado y todos mis compañeros divididos en grupitos contándose, visiblemente alterados, cómo había ido el verano.

Los profesores, por lo general, nos dejaban pasar el primer día en el recreo pero, si había alguno más pelmazo de la cuenta y empezaba a dar clase, tampoco importaba mucho, porque el olor a nuevo de los libros siempre ha gustado. Igual que el olor de la goma Milán nata. O el tener que elegir las libretas para cada asignatura.

La roja para Mates, la azul para Lengua, la verde para Naturales y la chiquitilla para Música, que se utiliza poco.

El larguísimo recreo de ese día era el mejor de todo el año. Por lo general no tenía la suerte de ver a todos mis amigos en verano, por lo que era la mejor ocasión para contarse todo lo que había pasado desde que había sonado, el junio anterior, el timbre que daba paso a las vacaciones.

Todo aquello daba comienzo a otro curso más que prometía ser largo y, a veces, más duro de la cuenta, pero con la gente de siempre, la que era el motivo por el que querías volver al colegio cada mañana. Todo aquello daba comienzo a otro curso en el que los profesores, a los que hoy saludas por la calle y te sorprendes de que recuerden tu nombre, compartían contigo buenos y malos momentos. Los mismos profesores que se emocionaron el día que te graduaste y tú, ahora, echas de menos.

Ya en la facultad me doy cuenta de que los anuncios de la vuelta al cole, que tanto me deprimían en su momento porque significaban el final de las vacaciones, ahora me entristecen por otro motivo. Y es que nunca más van a ir dirigidos a mí. Nunca volveré a celebrar el día de la Paz, o el de la Inmaculada, o la procesión de los niños antes de Semana Santa. Ni los profesores a los que les tengo tantísimo cariño van a darme clase de nuevo. Ni voy a volver a entrar por la puerta del colegio como alumna. Ni a ver amanecer desde la ventana de mi clase.

Éste es un homenaje a todos los colegios que han conseguido que sus alumnos quieran volver al cole, a todos los que se han convertido en la sonrisa de muchos jóvenes y adultos al echar la vista atrás. Muchas gracias porque, si recuerdo con añoranza esa época, significa que fue buena. Quizá la mejor. Puedo decir que volviendo al cole fui feliz y eso es una suerte.

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