El amor en tiempos de Whatsapp

Acabas de conocer a un chico en una de esas aplicaciones que ahora se llevan tanto. Te han gustado todas sus fotos (esos ojazos), la mayoría en países lo suficientemente lejanos como para que le guste viajar (no hay fotos en el baño, como dato) y encima tiene un posgrado, le gustan los animales y leer. No parece que tenga vicios excesivamente censurables y no comete faltas de ortografía. Además no te ha entrado con ningún piropo gratuito ni pregunta más de lo necesario.

Después de un par de semanas hablando por Whatsapp (información que, por supuesto, no te pidió demasiado pronto) te propone tomar un café. En realidad sabes que el café puede terminar en cervezas pero, por si acaso, le pides a una amiga que esté pendiente del móvil por si necesitas pedirle una llamada que te saque de una situación incómoda. Le dices que sí y corres a ver qué modelito puede ser efectista y casual a la vez.

 

Habéis quedado en la esquina de una calle, un lugar pequeño para evitar errores, que las fotos engañan mucho, y cuando llegas él ya está ahí (y es el de las fotos, que es importante). Os saludáis y al principio no sabéis de qué hablar, pero él saca tema de conversación en seguida, qué mono. Vais a tomar café pero a ninguno de los dos os gusta el café. ¿Cocacola? ¿Nestea? ¿Agüita? ¿Cerveza? Lo que sea, en realidad da lo mismo.

 

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La conversación es interesante sin caer en la pedantería y de repente te das cuenta de que llevas riéndote unos diez minutos sin parar. Te relajas y le dices a tu amiga que puede estar tranquila, que no crees que vayas a requerir sus servicios. En música coincidís, en cine también, en comida no. Bueno, es normal. Tampoco estabas buscando una copia de ti misma, ¿no?

Pasáis un buen rato, más largo de lo esperado en realidad, dos besitos y a casa. No hay que lanzar campanas al vuelo. Mañana puede resultar un psicópata o un pesado y tampoco te gusta mucho eso.

 

Pero en resumen, vamos bien.

 

Al día siguiente no le escribes, que escriba él cuando quiera, ¿no?

 

Pero él no lo hace. Y al día siguiente tampoco. ¿Qué coño le pasa? Pensabas que le habías caído bien, que habíais conectado.

 

Ay, bueno venga, escríbele tú. Pero ¿le pones un hola con emoticono sonriente? ¿Con besito de corazón? ¿Sin corazón? ¿Sin besito?

 

Un hola pelao y mondao va que chuta.

 

Pasan cinco minutos. No contesta. A lo mejor has resultado algo borde, ¿no?

 

Escribiendo…

 

¡Ey! ¿Qué tal guapa? Perdona es que he estado liadillo estos días, pensaba escribirte hoy. ¿Te hace dar una vuelta esta noche?

 

Vas a esperar los cinco minutos de rigor para contestar, se vaya a creer que estabas pendiente de su mensaje. O no.

 

Mmm…

 

Venga ya tía, que se te nota mucho, contesta de una vez.

 

El caso es que le dices que sí, obviamente puedes hacerte la dura cinco minutos pero no más. Y vais a dar una vuelta. Y a cenar. Alguna copilla cae también seguro, y el alcohol… ya se sabe, desinhibe. Unos bailes, unas risas, unos besitos (maaaadre-mía-cómo-besa) y pa’ casa, que ya es muy tarde.

 

A casa llegas con una risa de tonta que cuanto más la notas más la pones.

 

A la mañana siguiente te habla él y te da los buenos días. Qué mono es, ¿verdad? Podrías acostumbrarte a eso, te lo digo en serio. Sin embargo tú quieres ir con pies de plomo porque seguro que tiene algo raro en su vida, no puede ser tan perfecto y, de todas formas, si no lo tienes se lo vas a buscar tú, que eso se te da genial.

Volvéis a quedar cinco o seis veces más (resulta que es bueno en la cama o por lo menos mejor que tu ex), pero cada vez más espaciadas, siempre tiene algo que hacer. Aún así ya han pasado tres meses desde que os conocisteis y, ¿le estabas cogiendo cariño? Lo pregunto porque a lo mejor no quieres leer una afirmación.

Se ha acabado la novedad. O estará muy ocupado con las oposiciones, o con el trabajo. O a lo mejor lo hace porque te está tomando en serio y quiere ir despacio pero, por lo que pueda pasar, se lo cuentas a tu amiga, a ver qué dice ella que tiene un máster en relacionarse con tíos y suele saber leerles la mente incluso sin conocerles. Menudo don tiene la muchacha, oye.

Como te quiere te dice que vayas con cuidado, que a lo mejor no es de fiar. De hecho lo más seguro es que no lo sea. ¿Lleva dos días sin dedicarle tres horas a hablar contigo, no? Lo que tu amiga te decía, está conociendo a otra seguro. Es más, ni se te ocurra hablarle. Si no te habla él no le hables tú, que aprenda. Ea.

 

Ay, amiga mía, te voy a contar cómo termina esto.

 

Tú vas a darle otra oportunidad, pero ya estás suponiendo y eso, en definitiva, significa que todo o casi todo lo que pienses ahora viene de tu cabeza. Y de la de tu amiga. A ver, que seguro que tu amiga no es mala gente pero ella habla desde lo que tú le has contado y realmente, ¿qué le has contado? Que no te habla, que te deja en visto (ufff qué malos son los tics azules), que responde jaja a todo y que ya no te dice las tonterías de antes. Que yo sepa no le has hablado de que el otro día te presentó a sus amigos, ni de que se acordó de cuál era tu libro favorito y te lo pidió prestado, ni tampoco de que cuando habló de ir de viaje a Escocia bromeó con la idea de que fuerais los dos juntos. Es más, las buenas noches que a ti tanto te gustan, siempre te las da él. Y cuando sales con tus amigas no te habla por no molestar pero siempre que se acuerda de ti te lo hace saber de una manera u otra. Pero eso no es suficiente, ¿no?

Sin embargo, a ti lo de “si no te habla él no le hables tú” se te ha quedado bien grabadito. Al fin y al cabo, tienes una dignidad y un orgullo. Está claro que no te vas a arrastrar como un perrito faldero y, además, tu interés en él no se puede notar más de lo recomendable.

 

JA, JA, JA

 

Qué difícil se ha hecho todo de pronto, ¿a que sí?

 

De hecho ya incluso te has propuesto no darle tú a él los buenos días, que se joda. Pero hoy sabes que tiene un examen, o una cita importante o lo-que-sea, porque tú a diferencia de él sí que te acuerdas de sus cosas (¿seguro que él no?). Que no, que no se los das, que aprenda. Ea.

 

Y la cosa se enfría. ¿Notas cómo se rompe?

 

Volvéis a hablar de quedar pero qué va, cuando puede uno no puede el otro y viceversa. A la semana y media ya has conocido a otro chico. No es tan guapo, ni tan listo, ni tan gracioso, pero a falta de pan buenas son tortas.

 

Vuelta a empezar.

 

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No quiero ofenderte, en serio, pero ¿has pensado que quizá éste texto podría haber sido escrito desde su punto de vista exactamente igual? Y te voy a decir más: el orgullo, las suposiciones y el miedo no valen de nada. La frase “si no lo hace él primero, yo tampoco” la inventó el mismo que la de “quien bien te quiere te hará llorar”. El mismo idiota. Seguro.

 

Déjate de tonterías y rayadas, y haz lo que te apetezca en cada momento. No pidas demasiados consejos, fíate de tu instinto que para eso lo tenemos. Si hay alguien que no aguanta tu naturalidad sí que no merece la pena, pero actuar de una manera u otra a ver qué pasa sólo te traerá lo que no quieres que pase. Al final, la otra persona puede encontrarse en la misma situación que tú,

 

¿no?

 

 

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