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Los límites del lenguaje y la radicalización del mensaje

Hace no muchos años, menos de una decena, el escenario de opinión de una persona no pública se encontraba reducido a una sobremesa con amigos o familiares o, como mucho, en un blog poco o nada visitado, colgado en la red. Hoy en día, la situación es completamente diferente: hay mil y una posibilidades de hacer pública tu opinión y de hacerla llegar, incluso, a quien quieras dirigirla. Pero, ¿es esto positivo o no?

Como usuaria de la red, creo que el medio más representativo de esta cuestión es Twitter, red social diseñada para los mensajes cortos y utilizada, en gran medida, para la difusión de noticias y opinión. En un principio parecía que ciento cuarenta caracteres eran muy escasos para lograr una expresión cerrada, sin embargo, la realidad nos ha enseñado que ciertas necesidades adecúan la mente a las exigencias, hasta lograr un nivel de originalidad e ingenio sorprendentes. No en vano, ya no nos es ajeno el término tuitstar dedicado a los más perspicaces en esta red social.

 

El problema surge cuando se dan, entre otros, estos factores:

 

  1. Anonimato y sensación de seguridad que proporciona el verter las opiniones “tras la pantalla”.

Es un hecho que ciertas afirmaciones que no se darían en un ambiente presencial, son más susceptibles de realizarse a través de las redes sociales, sobre todo en las que tienen un tinte más impersonal (entiéndase impersonal como la existencia del desconocimiento de quién realmente las enuncia). El respeto que se espera de un debate cara a cara, en estos casos, desaparece cayendo así fácilmente en descalificaciones y ofensas, quizá por la desinhibición favorecida por situarse “tras la pantalla” .

 

  1. Ausencia de filtros que avalen las opiniones como sólidas.

Actualmente todos los usuarios de la red tienen la posibilidad de opinar e informar sobre cualquier tema que se esté debatiendo en la actualidad. Ha desaparecido el tamiz que se les suponía a los medios de comunicación y opinión, a la vez que ha nacido el llamado “periodismo ciudadano”. Esto, que tiene una lectura positiva como es la ocasión de acceder a opiniones fuera del sistema, a la vez ha provocado el negativo surgimiento de una mezcolanza de informaciones donde resulta difícil discriminar entre lo estimable y lo desechable. Digamos que el principio de autoridad se está viendo diluido, nunca perdiendo de vista que el discurso lo aplicamos a las redes en general y no a los medios reconocidos.

 

  1. Espacio limitado para la expresión en redes como Twitter.

Antes decíamos que ciento cuarenta caracteres parecían pocos y, sin embargo, resultaron suficientes para relacionarse, siempre con una previa adecuación de la forma de comunicación, que, como es lógico, se ha visto forzada a cambiar. No obstante, la realidad es que el mensaje, al igual que su extensión, se ha visto reducido en matices y tonalidades. Una opinión difícilmente suele ser categórica, por el contrario, está repleta de condiciones y excepciones que acaban por omitirse debido a las circunstancias que exige el tipo de medio al que nos referimos.

 

  1. Impacto social de las redes públicas.

El alcance que permiten las redes sociales de carácter público es tan grande como usuarios tenga esa red. En el caso de Twitter hablamos de 320 millones de usuarios activos en el mundo en marzo de 2016, once de los cuales son usuarios españoles. Esto supone que el mensaje de un usuario aleatorio tiene un potencial impacto directo sobre el 4’38% de la población mundial, por no hablar del impacto indirecto derivado.

 

Dada la confluencia de estos cuatro factores estudiados nos encontramos ante un panorama que ha llevado a la radicalización y fanatización de las opiniones y su expresión. Situaciones de acoso, escarnio, anonimato forzado, abandono de las redes e incluso suicidio, son mucho más habituales de lo que cabría esperar.

 

Ciento cuarenta caracteres parecían pocos y luego resultaron suficientes para comunicarse. No obstante, la realidad es que para transmitir un mensaje en su totalidad, con sus matices y particularidades, sí es necesario más espacio físico, además de un contexto. Este contexto no sólo desaparece por la inexistencia del tono, fuerza o énfasis en el mensaje, sino también por el desconocimiento real del emisor por parte del receptor, y viceversa. La errónea decodificación del mensaje lleva a su parcial o total incomprensión y la comunicación se rompe. Si Wittgenstein decía “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”, podemos derivar que el límite de la comunicación en la red de microblogging es espacial.

 

Por otro lado no podemos olvidar que el reducido espacio tiende, de una manera natural, a la categorización del mensaje aunque ésta no sea la intención del emisor. Nos encontramos entonces ante una curiosa situación en la que el emisor, al radicalizar su mensaje, provoca sobre sí mismo un efecto pigmalión. ¿No puede acaso alguien causar una alteración sobre un sujeto mediante el lenguaje? ¿Y si este impacto lo estuviese ocasionando sobre él mismo? ¿Puede transformarnos nuestra propia manera de expresarnos? Creo firmemente que es así. Si aceptamos esta premisa, estaríamos asistiendo a un cambio en nuestra manera de ser y pensar debido a las constricciones que sufre su manifestación.

 

Las consecuencias serían palpables en el alejamiento de posturas tan polémicas como las taurinas y antitaurinas, las machistas y feministas, las racistas e integracionistas, las religiosas entre sí y ellas con el ateísmo, las políticas, seguido de un largo etcétera.

 

Entonces, podríamos decir que la polarización social o, mejor dicho, el recalcitrante rechazo que existe entre ambos lados de cada caso, vendría de la mano de una forma de comunicación parecida a la que George Orwell denominara Neolengua.

Si se pierden matices en el habla, se pierden matices en la mente.

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8 thoughts on “Los límites del lenguaje y la radicalización del mensaje Deja un comentario

  1. Estupendo post. Totalmente de acuerdo con tu disección de los factores (cuatro) que dificultan/vician la comunicación. El troleo y la radicalización producen ruido informativo que refleja, a mi entender, la capacidad de desprendernos de nuestras reglas de comportamiento social de las que enseguida nos despojamos cuando no nos pueden partir la cara (por decirlo gráficamente)
    Me da que todos somos proclives a la defensa a ultranza de nuestras ideas, pensamientos y formas de vida sin optar por el diálogo mesurado y racional, pero por nada del mundo cambiaría la posibilidad de comunicación instantánea (o casi) que brindan las nuevas tecnologías.
    Mejor un océano de información embravecido en el que se pueden captar grandes mensajes que un plácido estanque en el que solo pueda reflejarme yo.

    Le gusta a 1 persona

  2. Esta entrada hay que leerla varias veces, y me lo pongo como tarea. Solo eso es ya motivo de enhorabuena. E invita mucho al comentario y la opinión… ¿Qué más te puedo decir? ¡Que me tiro a la piscina!

    El tema es interesante y tiene muchas derivadas. Esta muy bien desarrollado y apetece leer más sobre algunos aspectos concretos, por ejemplo cómo afecta este fenómeno a la forma del lenguaje o qué supondrá la implantación de nuevos estándares muy alejados del academicismo para la futura evolución de la lengua.

    Hasta ahora teníamos al menos dos universos lingüisticos: el coloquial de nuestra vida cotidiana y el más elaborado que aprendíamos en el colegio, que leíamos en los libros o que nos transmitian los medios de comunicación, normalmente sujetos a libros de estilo y a un adecuado filtro, como muy bien has señalado.

    Pero hoy tenemos un tercer influjo, un lenguaje amputado, reducido hasta lo esquematico o lo casi fonético, completado con signos e iconos, plagado de faltas de ortografía que se están convirtiendo en politicamente correctas… un influjo con el que está creciendo toda una generación.

    Y eso sólo en cuanto a la forma, porque en cuanto al emisor, a la fuente de la comunicación que nos lleva a esa radicalización del mensaje merece un tratamiento aparte que daría para muchas, muchas opiniones y puntos de vista, cuyo centro yo creo que es libertad de expresión versus responsabilidad.

    En resumidas cuentas, excelente. Me harás leerlo de nuevo y eso me encanta. Y estaré muy pendiente por si decides profundizar más en el tema.

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    • Me parece muy interesante lo que dices, sobre todo lo concerniente a la fonética y a las faltas de ortigrafía. A mí me preocupa mucho el tema desde siempre porque, en mi opinión, si la lengua materna es nuestro vehículo de comunicación, lograr comunicarse pasa por tener un completo manejo del idioma. También hay un tema muy interesante, expuesto por Alberto Chillón en un artículo que se llama “El giro lingüístico”, que viene de la discusión sobre qué es lo primero, si el pensamiento o el lenguaje. Te recomiendo que lo leas, si no lo has hecho ya, porque lo trata de una manera muy sencilla pero se apoya en las opiniones de los grandes filósofos como Kant o Nietzsche.

      Si te soy sincera, no he podido profundizar más en el tema porque es un mini ensayo para una asignatura del máster, “Epistemología de la comunicación”, y teníamos un máximo de palabras. Así que me he encontrado muy constreñida en el límite del lenguaje, cosa que no deja de ser irónica. Aún así también quería que fuese sencillo y se entendiese bien y soy consciente de que me he dejado muchas cosas fuera, y también muchas por desarrollar en toda la profundidad que pueda darse. De todas formas es un tema que me apasiona y que seguramente seguiré tratando en el blog cuando pueda. Tampoco me gusta mucho ponerme muy técnica aquí porque es mi rincón de creatividad, pero no lo podré evitar de vez en cuando.

      Muchas gracias por comentar, es un placer que alguien analice tan profundamente un escrito y “pierda” tiempo en ello. Te lo agradezco mucho, de verdad.

      ¡Un saludo y nos leemos!

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      • Ya tenía yo la impresión de que había mucho más; no dejes de escribirlo, es un tema interesante y que da para debate y crear opinión.

        No tengas duda, es muy entendible pues si yo lo he entendido alguien que entienda lo entenderá mejor (un entendido más y vamos para trabalenguas). Te vuelvo a felicitar, está muy bien estructurado y argumentado, expones las ideas con claridad y acierto y dejas espacio para que cada cual saque sus conclusiones.
        Da gusto leer buen ensayo, no todo va a ser ficción!!

        Le gusta a 1 persona

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