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Etiqueta: Relato

Demasiado fea para ser tan borde

Raro era el día que no cayese una cerveza después de clase. Ciudad nueva, compañeros nuevos, aires nuevos y calles nuevas. Calles que, a esa hora, ya estaban prácticamente vacías. Sin embargo, Raquel tenía la suerte de vivir bastante cerca de la universidad y tardaría poco en llegar a casa.

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Hoy no me reconoces

El 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzheimer. Una enfermedad que lo quita todo.

La chica del Bugatti 2ª parte

Se giró hacia mí, como si fuera la primera vez que escuchaba una voz humana, y me sonrió con los labios. Y digo que solo con los labios, porque la mirada seguía vacía de toda alegría.

Ojalá, como siempre

La noche los había empujado a volver a casa y caminaban bajo la luz de la luna por un paseo alto desde el que se veía toda la ciudad. Los coches, allí abajo, ronroneaban con suavidad y el viento erizaba los árboles que les rodeaban. Eran dos, un chico y una chica.

¿Qué ves hoy?

Todas las mañanas le hago la misma pregunta. Ana María, entonces, se acerca a la ventana y, apoyada en el alféizar, comienza a describirme el paisaje.

Ni una menos (1) #Nosqueremosvivas

Como venido de la realidad, de pronto, le atacó un fuerte dolor de cabeza y, también como aterrizando en la realidad, se acordó de que se había dormido llorando.

Yo no soy un potencial violador… ¿O sí?

Después de la lluvia, se había quedado una noche clara y fría. Subía por una calle ancha y desierta de la ciudad a altas horas de la madrugada. No había un alma. Bueno, miento, había dos: la mía y la de una chica que caminaba justo por delante de mí.

Siempre adelante. Concurso.

Inspiró profundamente y cerró los ojos. Ante ella se extendía una masa de agua azul dividida en calles. Un nuevo ring, un nuevo reto.

Desperté (No cuelgues 2)

Desperté. Aun así me costó más de lo habitual abrir los ojos; los párpados me pesaban como plomo al igual que el resto de partes del cuerpo. Era de día y la luz entraba con fuerza a través de las grandes ventanas de una habitación inmensa de paredes blancas. Me molestaba tanta claridad, parecía como si hubiera estado durmiendo durante días o me hubieran pegado una paliza. Miré a mi alrededor intentando recordar cómo había llegado hasta allí.

La infancia y la guerra

Aún es Mayo, el tiempo pasa lento y rápido a la vez. Lento porque siempre es lo mismo: bombas, gritos, miedo… Y, últimamente, el olor putrefacto de los cadáveres. Es rápido porque no podemos quedarnos en un sitio más de una noche; los tenemos justo detrás de nosotros y nos pisan los talones.

Ese abrazo

Supongo que nunca se está preparado para este momento. El momento de la huida. O quizá del reencuentro.