Nueve razones por las que elegir Ghibli frente a Disney

¿Colacao o Nesquik? ¿Pepsi o Cocacola? ¿Barça o Madrid? ¿Disney o Pixar? Realmente, esta última pregunta dejó de tener sentido en 2006, cuando la todopoderosa Disney, consciente del aumento de popularidad del estudio de animación Pixar, decidió comprarlo por 7.400 millones de dólares. Aun así, cualquiera de estas dicotomías es falsa desde que existe la percepción de que sólo hay dos alternativas para cada cuestión.

En realidad, no puedo decir que no me guste Disney. Me he criado con Disney, he crecido con Disney, canto hasta desgañitarme las canciones de Disney (tengo una de ellas de tono del móvil) y disfruto como una niña cuando ponen una de sus películas en la televisión, aunque la haya visto quinientas veces, sin exagerar. Sin embargo, cada vez me molesta más la sensación de que este gigante no deja que se desarrollen sus posibles competidores. O, por lo menos, los que aún no se han puesto al alcance de su talonario.

Podría hablar de Dreamworks, tan denostada e infravalorada en los Óscar siempre que se cruza con la factoría de princesas. Pero no. Hoy toca hablar de Ghibli y, en especial, de las películas del director Hayao Miyazaki.

Totoro se convirtió en el logotipo de Studio Ghibli

Ghibli apasiona, atrapa, inspira y demuestra que hay vida, no sólo fuera de los límites de Disney, sino del cine norteamericano. Y esto es algo que los propios estadounidenses saben también, de hecho, las películas del estudio japonés son una fuente de inspiración para los de la lamparita. (Si queréis saber algo más de la relación entre Disney-Pixar y Ghibli os recomiendo este artículo)

Antes dije que había crecido con Disney y es cierto. Pero no es menos cierto que, si hay que madurar, mejor que sea con Ghibli. Las películas animadas del estudio de Mickey, sobre todo las anteriores a Mulán, que ya por lo menos coloca a la mujer en un personaje diferente al usual, son meras dulcificaciones de unos relatos ya curtidos por la tradición, salidos de la pluma de buenos escritores.

Y ya que estamos aquí, ¿en qué supera Ghibli a Disney?

 

LA ANIMACIÓN

Hasta 2013, año en el que Miyazaki anunció una retirada poco duradera (por suerte), el director no permitía que sus películas tuvieran más de una décima parte de animación digital. Esto hace totalmente reconocibles sus producciones, desde Heidi y Marco hasta El viento se levanta. Cómo incide la brisa en un prado de hierba, la forma de las nubes o la expresividad de los personajes son algunas de las características que te hacen identificar rápidamente las películas del estudio nipón, ya que no se parecen a nada conocido. Esto, que también le pasaba a en sus primeros años, lo ha ido perdiendo Disney paulatinamente, a medida que ha ido introduciendo la tecnología en detrimento del trabajo humano.

Fotograma El Viaje de Chihiro

 

LA MÚSICA

Hans Zimmer, Alan Menken, Danny Elfman, John Powell… Son nombres que nos suenan a todos. Sin embargo, no reconocemos tanto el nombre de Joe Hisaishi, compositor de música contemporánea y director de orquesta, que se ha encargado de ponerle banda sonora a 9 de las películas de Miyazaki. Su peculiar sensibilidad y la simbiosis que logra con la imagen en los largometrajes en los que trabaja, lo hacen imprescindible en un cine de animación que no tiene que recurrir a las canciones para que el espectador recuerde su elegante aportación.
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LAS HEROÍNAS DE GHIBLI

Uno de los puntos fuertes del estudio, del que más se ha hablado y que más diferencia a los japoneses de los norteamericanos, es el lugar que ocupa la mujer en el argumento de las películas. Teniendo muchísimos detalles discutibles en temas de feminismo, se agradece que la mayoría de las protagonistas de las cintas sean mujeres. Y no se queda en la mera presencia, sino que las convierten en verdaderas heroínas. Estas mujeres se desarrollan y maduran en un argumento que sus personajes soportan casi en su totalidad y donde el tema romántico es un mero complemento o, directamente, no aparece.

Las heroínas de Studio Ghibli
Las heroínas de Studio Ghibli

Chihiro (El Viaje de Chihiro), Nausicaä (Nausicaä del Valle del Viento), Fio (Porco Rosso), Sophie (El Castillo Ambulante), San (La Princesa Mononoke), Nicky (Nicky, la aprendiz de bruja) o Sheeta (El castillo en el cielo) son algunos ejemplos de que un personaje femenino puede tener la suficiente fuerza, sin que chirríe a un espectador no acostumbrado a ello, para no necesitar de un alter ego masculino que lo apoye o le dé su aprobación. Son guerreras, valientes, interesantes y completas. Algo de lo que debería aprender la todopoderosa Disney, anclada en una corriente que relega a los personajes femeninos a un lugar pasivo que necesita de un “rescate”. Además, las relaciones entre las mujeres de Ghibli, suelen ser de admiración o colaboración, nada que ver con la rivalidad u hostilidad que muy a menudo nos presenta el cine.

 

EL PACIFISMO

El viaje de Chihiro ganó en 2002 el Óscar a mejor película de animación. Sin embargo, Hayao Miyazaki no fue a recoger dicho premio en protesta por la invasión de Irak por parte de Estados Unidos. Esta misma filosofía se ha volcado en numerosas ocasiones en los largometrajes del director y del Studio Ghibli. La tumba de las luciérnagas de Isao Takahata, Nausicaä del Valle del Viento y El Viento se levanta son quizá las películas en las que esto se ve más claro. Usando como excusa historias fantásticas, el leitmotiv pacifista aparece una y otra vez trasladando al espectador la crudeza de la guerra, sus consecuencias y, sobre todo, poniendo en evidencia lo acostumbrado que está el ser humano a ella.

Fotograma de La tumba de las luciérnagas

 

ECOLOGÍA

De una forma muy parecida al desarrollo del tema pacifista, en la mayoría de los largometrajes de Miyazaki es manifiesta la defensa de la vida natural. Aunque es más habitual que el anterior, este asunto se ve muy claro en Mi vecino Totoro y en La Princesa Mononoke.

La importancia de la naturaleza en Ghibli

El personaje de Totoro, de hecho, es un espíritu del bosque que aparece para mantener la infancia intacta de unas niñas en medio del drama familiar. Así se realiza una conexión tácita y eficaz entre la inocencia de los niños y la bondad de la naturaleza. Mucho más claro es el caso de La Princesa Mononoke, donde literalmente existe una guerra abierta entre los animales, liderados por San, y los hombres de la ciudad del hierro. A través de una fábula, el Studio Ghibli hace un llamamiento al equilibrio y el respeto entre el ser humano y la Tierra.

 

MITOLOGÍA JAPONESA

Si algo caracteriza las películas del estudio japonés es la aparición de elementos de la mitología del país nipón sin ningún tipo de complejos. Podría parecer que esto dificulta la lectura del mensaje subyacente a los occidentales. Quizá sea así y los japoneses sean capaces de sumergirse con mucha más facilidad en la historia que quieren contarnos (aparte de la obvia pérdida de información que supone la traducción del guion de un idioma a otro). De cualquier manera, no es algo que esté reñido con su disfrute, ni muchísimo menos. Es más, personajes como Totoro, los kodama, los susuwatari o los chibidomo se han quedado en la memoria colectiva como algo inherente a las producciones de este estudio.

El arte, la filosofía, el folclore y las tradiciones de los países orientales difiere mucho de los occidentales. Es de agradecer que Miyazaki y su estudio nos acerquen un poco más a todo ese mundo tan desconocido y nos meta el gusanillo de la curiosidad por aprender de él, de una manera tan cálida y progresiva.

 

PELÍCULAS PARA ADULTOS (que los niños adoran)

Tendemos a identificar el cine de animación con el cine para niños, algo que no ocurre en Japón, ya que es un gran consumidor de este tipo de cine en todos los rangos de edad. Por esto se ha tachado la producción de Ghibli de aburrida, pesada o complicada “para ser animación” o, en las ocasiones en las que el público objetivo sí eran los más pequeños, de “demasiado infantil”. Es cierto que hay alguna cinta, como Ponyo en el acantilado, Mi vecino Totoro o Nicky, la aprendiz de bruja, que pueden parecer más ingenuas de lo habitual. Aun así, lo que hace realmente buenas estas historias es la doble lectura que es posible hacer de cada una de ellas. No depende tanto de la ingenuidad o seriedad del filme, sino más bien de cuál de las dos interpretaciones está más accesible al espectador y cuál de ellas requiere un poco de reflexión tras el visionado.

 

GHIBLI NO ESTÁ EN VENTA

Cuentan que Disney (encargado de la distribución de las películas de Ghibli en EE.UU. por aquellos tiempos), al intentar replantear la longitud del metraje de La Princesa Mononoke (2 horas y 15 minutos), recibió en sus oficinas una katana con el mensaje “sin cortes”. Esto da una rápida idea de cómo actúan y de la seguridad que tienen en su trabajo porque saben que está bien hecho.

Ghibli no intenta satisfacer al mercado, no quiere camelar al consumidor; ellos proponen lo que tienen y admiten al público que lo acepta. No hacen concesiones.

Fotograma de La tortuga roja

Sin ir más lejos, en enero se estrenó en España La tortuga roja, dirigida por Michael Dudok de Wit y último filme del estudio. ¿Y qué tiene de especial esta película? La ausencia de diálogos. La tortuga roja no ha recibido una sola crítica negativa, porque es imposible decir de ella algo que no sea “hermosa”, “fascinante” o “preciosa”. ¿Se atrevería Disney a hacer algo así hoy?

 

GHIBLI Y EL ARTE

Ver una película de Studio Ghibli es un ejercicio parecido a ver una obra de arte en un museo. Hay que observarla, degustarla, reflexionarla y disfrutarla. No están pensadas para pasar un “buen rato”. Es buen cine, del mejor, y el cine de calidad se aprehende, se asume y te cambia.

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4 pensamientos en “Nueve razones por las que elegir Ghibli frente a Disney”

  1. Estupendísimo artículo. Desde hace mucho le tengo cierta tirria a Disney —la quema de brujas… ya sabes—, y no soporto a las princesas edulcoradas.
    En cuanto a Ghibli, reconozco que sólo conocía «La Princesa Monokone», que es la que he votado.

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    1. ¡Cuanto tiempo! jajajaja gracias por comentar. La Princesa Mononoke es, sin duda, uno de los buques insignia del estudio, aun así no tuvo mucho éxito en su momento por su longitud y su densidad. He tenido esta discusión con mucha gente a la que le gusta Ghibli, que defienden que esa película no se hace tan larga. A mi me encanta, pero pienso que para introducirse en el mundo de Ghibli es mejor empezar por El viaje de Chihiro que, para mí, es la mejor y la que más equilibrado tiene el mensaje y la forma. Si últimamente buscabas una peli para ver, ya sabes. ¡Un besoo!

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