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Autoboicot VI

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Parte 5

Sabía que tarde o temprano me darías la patada y te librarías de mí. Como siempre, como todos los que “no me han hecho daño”.

¿Que cómo lo sabía?

Ni idea. Pero llevo con esa sensación desde que te conocí y muchísimo más desde que te fuiste, no digamos desde que volviste.

Llevo esperando a que me des la patada no sé cuánto tiempo.

Y ya está, ya la has dado. La acabas de dar, de hecho.

“Yo es que no puedo generar interés a plazo fijo”.

Cuando pasabas de mí como de la mierda, pero cuando nos veíamos era genial, compensaba. “Quien quiere puede” me ha dicho Miriam, mi compañera de piso, esta tarde.

Te he echado de menos, joder. Y pensaba que tú podrías haberme echado de menos a mí. Pero no sólo no lo has hecho, sino que ni siquiera me contestas a los whatsapps ahora, a las 4 de la mañana del 20 de mayo.

Sé que es muy pronto para cualquier cosa, joder. Lo sé.

No quería que me prometieras fidelidad ni amor eterno. Sólo quería sentirme un poco importante para ti, alguien a quien tuvieras ganas de ver, a quien volver a besar o a meter en tu cama.

Yo que sé, coño. Cualquier cosa menos indiferencia total.

Sé que no me va a costar volver a tener algo que me distraiga, de hecho he tenido la oportunidad de tenerlo mientras tú estabas fuera, pero no me ha interesado lo más mínimo. Quería volver a verte a ti, comprobar qué pasaba, hasta dónde podíamos llegar.

Te voy a echar un poco de menos. Te lo digo en serio.

Sin embargo, desde que te fuiste tuve un mal presentimiento. Y creo que hay alguien más, ¿verdad? Quizá quiera pensar que hay alguien más porque la idea de que me hayas dado la patada sin más, es demasiado para mí. Sin embargo, suelo ser bastante bruja y equivocarme poco.

No sé qué decirte. Si has leído todo esto quizá pienses que estoy súper loca. Este texto no estaba hecho para enseñártelo, ni mucho menos. Iba a ser un ejercicio para seguir la historia de mi ex conforme te la iba contando a ti, pero la ilusión que me nació contigo hizo que se me olvidara el verdadero propósito de esto y he acabado haciendo una mierda rosa y llena de purpurina, vomitiva y asquerosa sobre nosotros.

Pero todo lo que hay aquí es la más estricta realidad.

En mí misma no cabe la posibilidad de volver a pasarlo mal, de volver a sentirme prescindible en la vida de alguien, de volver a sentir cómo pasan de mí, me ignoran y cuentan conmigo sólo para lo que quieren.

Es doloroso y me preocupaba estar desarrollando una dependencia insana, otra vez.

El caso es que he llegado a la conclusión de que no es dependencia, sino sorpresa porque lo que has despertado en mí, hacía muchísimo tiempo que estaba muerto. Alguien me había matado, y contigo he resucitado un poco. Y ahora te vas.

Y ese miedo que tengo a pasarlo mal ha sido, probablemente, lo que me lleve a perder esto que pudiera haber tenido contigo. Porque tomo decisiones sin ton ni son, digo cosas sin sentido, lo fastidio todo.

No soy capaz de retener nada de lo bueno que llega a mi vida.

Lo siento mucho y me duele.

FIN

Qué curioso es que el miedo al dolor aleje la felicidad. Esta es la historia de un autoboicot.


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