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Soy Historiador del Arte y no lo cambiaría por nada del mundo

Historia del Arte, como carrera universitaria, posee un 47’5% de inserción laboral en España, una de las más bajas del país, cuyo 45’8% tiene contratos indefinidos. Eso significa que, literalmente, solo la mitad de la mitad de los historiadores del arte tienen un trabajo digno en su campo de conocimiento. Además, el graduado en Historia del Arte recibe un salario medio de 19.000 euros, lo que lo convierte en poco más que mileurista.

Y, sin embargo, tenemos la vocación más bonita del mundo.

Cuando te enamoras de alguien, o de algo, los defectos menguan, los escollos parecen salvables, los retos se encaran con ganas. Y ninguno de nosotros tiene un amor relativo al arte. Porque no tendría sentido querer dedicar tu vida a algo teniendo un 25% de probabilidades de éxito. Eso es amor. Eso es pasión. Eso es locura.

Los historiadores del arte amamos el arte porque sabemos que es la consecuencia de la filosofía, de la propia historia, de la civilización, de la expresión de todo lo humano, de la sociedad, del conocimiento, de las pasiones más arduas, de los más elevados anhelos de comprensión del mundo, de lo más mundano y lo más auténtico.

El arte lo resume todo. Entender el arte es entender al mundo, a las personas, al pasado, a nuestras raíces, a los errores y victorias de los que ya no están para enseñarnos.

El amor por el arte es difícil de explicar porque es amor por la belleza.

Y en un mundo en el que el concepto de lo bello está tan denostado y violado, los historiadores del arte nos levantamos cada día con el orgullo de dedicarnos, o al menos tener la firme ambición de hacerlo, a lo único puro e indestructible que queda.

Hemos encontrado el secreto.

Sabemos que harían falta mil vidas para ser unos expertos en la materia. No creo que a ninguno de nosotros nos quepa duda de que la carrera no nos ha abierto sino una rendija en toda la inmensidad del concepto. Pero ahí estamos, observando a través de una grieta que, cuanto más se abre, más pequeña parece, sintiéndonos minúsculos ante lo sublime como El caminante sobre el mar de nubes de Friedrich, sorprendiéndonos cada vez que conocemos algo nuevo que parece irreal, imposible. Porque el arte es eso, el continuo descubrimiento de la verdadera capacidad del ser humano.

Cuando parece que ya no queda nada por lo que luchar, cuando parece que hemos dejado de ser eso, humanos, para convertirnos en esclavos de lo banal, de la trivialidad, de lo fútil, aparece el arte y nos recuerda que no todo está perdido, que lo único que tenemos que hacer es recordar.

Y, como cualquier historia de amor que se precie, todos nosotros podemos acudir a ese momento en el que aceptamos que esta era nuestra vocación. Siempre le agradeceré a mi madre haber servido de celestina cuando, teniendo yo nueve o diez años, me cogía de la mano, me encaraba ante la portada gótica o románica de una iglesia y empezaba a enumerarme sus elementos.

—Mira, cariño, los lados de las puertas son las jambas; la columna de enmedio se llama parteluz; ahí arriba está el tímpano y las arquivoltas. Y más arriba el rosetón, que deja pasar una luz de colores al interior cuando atraviesa las vidrieras.

Mi madre no lo sabía. No era consciente de lo que me estaba haciendo en aquel momento. Recuerdo que me enamoré en la Catedral de Burgos. Me pareció lo más bonito que había visto en la vida. Lo recuerdo de una forma nítida y cercana. Porque eso es amor.

Cada uno tiene su historia. Un sentimiento así no nace poco a poco, sino que te golpea, te despierta, te demuestra y te exige una respuesta. Ya no puedes volver atrás. Es entonces cuando sientes que no pararías de aprender nunca y te dedicarías toda la vida a seguir leyendo, visitando monumentos, observando obras y sintiendo, por un momento, que la vida tiene sentido.

Y no tengo la suerte de dedicarme profesionalmente a ello, pero sigo sintiéndome la más afortunada del mundo por ese regalo que un día me hizo la vida: el amor por el arte.

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19 respuestas a “Soy Historiador del Arte y no lo cambiaría por nada del mundo Deja un comentario

  1. Excelente. Sin planearlo y prácticamente sin darme cuenta de un tiempo para acá comencé a leer muchos libros sobre arte e historia del arte. En una feria del libro salí con tres libros de arte y ahí fue cuando me di cuenta que debía hacer algo al respecto. Abrí apenas hace dos meses un blog para compartir lo que he descubierto. Desgraciadamente, no es mi profesión o la labor a la que puedo entregarme de tiempo completo, pero es una fuente a la que recurro en cuanto puedo.

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  2. Hace ya un año que me gradué en Historia del Arte y nunca me cansaré de decir que volvería a hacer la carrera. Tengo un sentimiento extraño de que el universo me dio una señal al poner en mi vida esta disciplina, pero al mismo tiempo me cabrea no haberla descubierto antes de acabar el bachillerato.

    Un artículo precioso, me he sentido muy identificada y mucho más orgullosa de haber dedicado mis años universitarios a Historia del Arte.

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